| CUIDADOS DEL JOVEN
Cielo Vázquez |
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Con sólo ser padre uno puede darse cuenta de que
los jóvenes tienen un corazón grande pero no las herramientas para
manejar esos sentimientos profundos. Por lo general el hijo de uno es el
mejor y debemos cuidarlo de las amistades. Los que quedan y son de
nuestro agrado son contados con los dedos. Es importante comprender que
a cada madre o padre le sucede lo mismo. Entonces, podemos generalizar
entendiendo que si bien el entorno familiar no es el mismo, hay factores
comunes en esta etapa en donde hay dos transiciones: de la niñez a la
adolescencia y de la adolescencia a la madurez. Tal vez no tan marcadas
como en tiempos anteriores dadas las condiciones y el ritmo en que se
mueve la sociedad cualquiera que sea y donde sea. Ya no son tan
inocentes, el entorno los maduró en cierta forma pero a una edad muy
temprana que no concuerda con su edad. Eso los hace sentir que son más
grandes de lo que en realidad son y no hay un equilibrio. La rebeldía
es provocada por la impotencia, porque el mundo no es como ellos
quisieran ni como se lo dijeron, pues cuando niños se les preguntó:
“¿Qué querés ser cuando seas grande?”. Y fue ahí cuando
comenzaron a soñar... y ahora descubren que es imposible ser lo que se
propusieron, lo que es causal de la confusión, dudas y desilusiones.
Esta vida loca; la falta de dinero, el divorcio de los padres, la
preferencia de ellos por uno u otro de los hermanos, y si es hijo único,
tal vez deba desde sus principios ayudar a su madre sola. La muerte de
algún amigo. Lo que ven que les sucede a los demás; fracasos y pocas o
ninguna realización. Tirados en una cama piensan: “¿Para qué
estudiar matemáticas si para ser goleador no se necesita?” “¿Para
qué estudiar una carrera si en la facultad nos bochan para que no haya
tantos profesionales?” “¿Qué queda?, ¿protestar?
Oyen discusiones a diario y a cada momento. El
malestar se hace visible. Con tanto enredo que no pueden poner en orden
ni explicar en una sola frase, el diálogo se torna imposible. Jóvenes que saben que están
en una etapa de libertad en la que es imprescindible elegir, pero... ¿qué?
Sí, les han enseñado “gracias a nuestros gobernantes” que se les
fomenten las relaciones sexuales “seguras”, ese es un buen escape
que hoy se ha transformado en un vicio más.
Y en cada esquina se ofrece
pasta base para los inconformes.
El desenfreno como modo de
vivir en donde lo único que cuenta es lo que siente el corazón a cada
instante como si continuara la etapa infantil, también es una opción que
está generalizada pero por más que se les diga que ahora lleva a
consecuencias irreversibles, no ven el ejemplo en los demás. Y es la
sociedad la que nos presenta ese modo de vivir; los índices de
matrimonios que se terminan a los pocos meses son una de las tantas
muestras de los caprichos y la falta de responsabilidad. Pero por ahí,
algún jovencito o jovencita cree aún en los cuentos de príncipes y
princesas, en el amor hasta que la muerte los separe y lucha por esto. Los
lazos de dependencia del hogar se rompen. Basta con pasar una mirada en
los hospitales y sociedades médicas para ver cuántos de ellos están
internados por depresión pensando que no van a volver a enamorarse nunca
más.
Y los que no, andan por ahí
rompiendo corazones para hacerse los fuertes. “Ah, a mí no me van a
agarrar”, piensan.
Mantener
sanos esos corazones, es tarea de todos. Cielo
Vázquez
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